Archivo diario: agosto 14, 2010

Desengaño porcino

Creo que nunca había visto tan de cerca a un patán a pesar de que en mi vida abundan.  Me sentí Jane Godall, tomando notas, comparando apuntes, analizando el comportamiento del gran primate en su habitat natural.

La mujeres mienten cuando dicen que un patán no es encantador. Por fuerza tiene que serlo, al menos en apariencia, para que una le permita acercarse tanto. Para que cerremos los ojos, para que bajemos la guardia.

El espécimen del que hablo parecía ser una prueba a mi resistencia. Un despliegue de feromonas, testosterona  y encanto animal. Pero una parte de mí,  acostumbrada a los golpes  bajos y a los trucos sucios, detectó algo raro.

Empezó preparando el terreno para la seducción y posterior huida de una manera vulgar y obvia: “Ya estoy exageradamente ebrio”. Traducción: Te follaré y después le echaré la culpa al alcohol.

Esperó a que yo diera el primer paso, pero resistí. Atacó, cortejando con labios y voz, la mejor de entre todos los machos. Lo seguí resuelta a no dejarlo llegar muy lejos.  Todo parecía estar bien, hasta que empezó a impacientarse. Metió los dedos en mi cuerpo, avalanzandose sobre mí, callando mis forcejeos con la lengua.

Traté de desembarazarme de él, pero era fuerte y permaneció explorando, manipulando bruscamente, causandome a la vez terror, culpa y placer.  “Sabes que quieres, los dos queremos…” Era verdad, lo deseaba, pero no lo pensaba permitir y el debía respetar mi decisión. Mientras más trataba de obligarme, más me convencía de que estaba haciendo lo correcto.  Lo empujé, lo mordí, arañé sus brazos hasta que me soltó.

Fingió estar ofendido, manteniendo su distancia, pero pronto volvió a la carga con más fuerza.  Sacó su miembro y lo puso en mi mano. Todo en él me tentaba, pero sabía que estaba mal. Mis intentos de lucha parecían excitarlo, así que me quedé quieta, cosa que no lo desanimó. Peor aún, me abandoné a su tacto por un momento, durante el cual consideré su propuesta.

Entonces sacó un preservativo, que me regresó de golpe a la realidad y logré quitarselo.  NO. Lo llamé por su nombre, me aferré a su camisa, le jalé el cabello. SUELTAME. Tardé más de cinco minutos en quitármelo de encima, de adentro. Menos mal solo fue su mano, sus dedos inmensos. “Quédatelo de recuerdo” me dice cuando le entrego su goma. “Me tuviste, pudiste tenerme varias veces, perdiste tu oportunidad” Sólo cuando se ha ido me permito desmoronarme. Sé que cuando lo vuelva a ver se hará el amnésico y me mirará con odio y desdén.

Por extraño que parezca, lo que mas me duele no es el intento de violación, sino lo que me dijo al final. Eso fue lo que me hizo sentir usada y degradada.

Manoseada y todo, yo gané,  me mantuve firme, fiel a mi misma.  Somos la regla, no la excepción. El único sentimiento que prevalecerá eventualmente será la victoria aunque de momento no puedo evitar sentirme mal. En mis oídos sigue resonando aquella letra… Boy, your touches leave me mystified/I wish I could believe in you/It’s all false love and affection/ you don’t want me you just like the attention /I’m not your toy/This isn’t another girl meets boy…